
(Inspirado en Hymn to the Immortal Wind de Mono... una mera inspiración súbita de un tipo cansado del trabajo a las 4 de la madrugada)
Tómame la mano que ya queda poco, que ya nos queda poco... el cielo está cada vez más distante como puedes ver, el polvo y las nubes lo ocultan egoístamente, nuestros pies están escudriñados en la ceniza que nos antecede, así como la procedente espera ansiosa a marcar un bello recuerdo, un recuerdo que sabe a mensaje de advertencia para nosotros los que tras tropiezos desembarcamos en puertos abandonados, la sublime emoción es inminente, un olor tragicómico nos persigue y se cuela en nuestros órganos sin quererlo así.
¿Te acuerdas de la música que escuchábamos y de la forma en que nos sentábamos en silencio a contemplar el mundo por la ventana? Yo casi borracho entre tus brazos suaves y generosos, tú sentada con la mirada perdida meditando sobre aquel fin del que tanto se había hecho caso omiso, sabíamos que había que correr en algún momento, así como también era evidente que nuestros ojos se desviaban cuando ese punto deseaba salir a flote.
Han sido tiempos extraños, eso lo sé, cada uno por su lado pero a la vez tan unidos como el silencio a la quietud, al amanecer un beso parecía perdonarlo todo, sin embargo algo fallaba en esa unión de segundos.
Probablemente nos estremeceremos en el frío y tú te reirás de mi nariz roja, yo de tus manos amoratadas, la sonrisa desvanecida que me dibujas de alguna forma querrá decirme que todo acabó, el camino habrá sido largo y sinuoso, y ni las sombras podrán entonces dejar un rastro de nuestro destino, sabes bien que no queda mucho, estamos viejos, la verdad es que envejecidos prematuramente, tus mejillas luchan por ocultar los surcos que se le han forjado, yo las beso y te digo que estás tan bella como siempre con tu sonrisa de niña y tus miedos infundados, deseamos volver a ser puros, pero tenemos tantas heridas que un mínimo movimiento desemboca en una vorágine de malestares. Pareciera que nos movemos con algo más de cadencia, tranquilamente como ignorando lo que tenemos por delante y me aprietas la mano con más fuerza que antes, como en los primeros momentos que pasamos juntos, con inocencia y sinceridad, quizás presientes mis fatídicas ideas, quizás siempre has tenido en cuenta mis pensamientos y obviabas saberlo todo.
Nos detenemos y nos miramos, esa falta de ruido aparenta decir tanto, tenemos tantas cosas en común que hasta nos da miedo decir lo que tenemos en la cabeza, un mutuo respeto o un mutuo temor. Trazamos nuestro mapa pero ahora no sabemos si seguirlo, ni idea si es segura la ruta, discutimos por tonteras, si caminar hacia allá o dar el primer paso con el pie izquierdo para que un error de cálculo no provoque que el suelo se agriete a nuestro alrededor dejándonos a la deriva en una pseudo isla, sonríes y esa es la más clara señal de que debemos seguir avanzando.
¿Estamos acaso conscientes de lo que estamos viviendo? Ciertamente si supieras cuánto miedo me da que sepas que estoy dudando, si supieras la batalla en los cielos que mi cabeza libra, si supieras que tu nombre hace eco en una cueva vacía de forma oscilante, y a ratos oigo el mío con voz de misterio, noto los mismos sentimientos en tu aliento que se hace más corto mientras damos nuestros últimos pasos. Y le echo la culpa a la música que nos hacía feliz porque no podremos escucharla nunca más, porque ya estamos a punto de chocar con la pared invisible que marca el fin de nuestro camino ¿El fin del camino? si es una pared tan grande ¡imposible de escalar! lloras histéricamente y me culpas de llevarte hasta ese extremo, te tomo de los hombros y te hago ver que no he sido yo quien te ha guiado, tú tampoco has sido la brújula, han sido los vientos comprimidos de ese eterno cielo que insiste en ocultarse para nosotros dos, tenemos tanto miedo que no nos atrevemos a separarnos, queremos expirar juntos y con una mano enlazada a tus piernas te digo que aún estamos aquí, lo queramos o no el cielo permanece como siempre, ya no lo veremos, no hay más distancia que la que nosotros queramos dimensionar, el cielo se expande infinitamente y la ceniza que nuestros pies acarician no ha cambiado su color...
No tenemos nada para sí, te digo que no podemos ser más de lo que somos y te acercas a mí con una mano consoladora, con lágrimas en nuestros ojos aceptamos nuestro irrefutable destino y pactamos en un inocente beso, ya no te siento respirar tan claramente como antes, no sé si son mis oídos los que ya no perciben y ni siquiera sé si es tan solo mi imaginación, no sé si estoy creyendo que la vida se nos desvanece o si está emergiendo con más ímpetu que nunca. No puedo distinguir el fin del comienzo, no sé si tú estás pendiente de cuánto ha sucedido. Me ahogo en sublimes e indescriptibles voces de paz, te veo brillar más que nunca, una vez más sin poder diferenciar mi expirar de tu sublimación, no sé si soy yo o tú quien está muriendo, o si es una mutua danza que nos eleva al unísono más allá de lo que nuestra vista puede percibir, eventualmente para su desenlace no tendremos nuestros ojos abiertos y quedará así, tan confuso e incierto como al principio.
Fotografía: Extracto de Ashes and Snow de Gregory Colbert
2 Opiniones (link de post):
Como le dije,fui imaginando cada situacion descrita..por eso lo encontre muy intenso.
Admiro su capacidad de poder escribir y describir tan bien
esas cosas que piensas y sientes
besos
PIRUQUINA
Bueno ya te dije, como siempre disfruto mucho de leerte. Una muy bella historia; sincera y melancolica.
La tapa del albun es muy digna de tu relato, los temas cuando los escuche te dire.
te mando un super beso, y por si no me acuerdo el martes feliz veinti tantos :)
Your Fairy
Publicar un comentario